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viernes, 11 de enero de 2019

Historia: La Sedición Oriental

La Guerra de Nepal: Año 6-8 D.D.

Para contar esta historia, es necesario que retrocedamos trescientos años en el tiempo, de vuelta a la Guerra del Despertar. Absolutamente todos los libros y manuscritos del Imperio del Fuego han alterado esta parte de su historia, haciendo parecer esta Guerra como una victoria total y absoluta de la Gran Reina Madre y sus súbditos sobre el corrupto mundo humano, plagado de tecnología hereje. Pero hay un capítulo de esta Guerra que fue borrado totalmente, no sólo de la historia documentada, sino también de la memoria de todos los dragones que, en aquella época, estaban conectados a la red de la Reina Madre.



Pasado el ecuador de la Guerra del Despertar, cuando la humanidad aún se esforzaba por plantarle cara a los dragones; hubo una facción dentro del ejército de la Reina Madre que comenzó a rechazar la red mental que ésta les había impuesto a todos los suyos durante el Letargo. Éstos fueron los dragones de Oriente, maestros del aire. El motivo por el cual estos dragones lograron desencadenarse de la red tan prematuramente no está claro todavía, pero se sospecha que se debe a que pertenecen a una raza dracónica distinta, y por ende su conexión mental con la Reina era mucho más débil que la de los dragones occidentales.

Fuera cual fuera el motivo, estos dragones fueron los primeros en empezar a dudar de que las intenciones de la Reina Madre fueran honestas u honorables. Al ir liberándose poco a poco de su prisión mental, comenzaron a ver aquello como un genocidio más que como una reconquista. Comprendieron, demasiado tarde, que la Reina Madre pretendía reclamar todos los territorios del planeta para sí misma; y eso no entraba dentro de la filosofía de esta raza dracónica. De entre todos esos dragones, uno de ellos fue quien se atrevió a plantarle cara a la Reina abiertamente: el más tarde conocido como Emperador Yujin.
Gracias a él, los dragones orientales lograron hacer un frente común y comenzaron a enfrentarse a sus propios hermanos para que éstos no alzaran las banderas del inminente Imperio del Fuego en los territorios asiáticos (China, India, Nepal, Mongolia, etc...); ni siguieran masacrando a sus habitantes humanos. Aquello supuso la separación de un tercio del ejército dracónico original, y la consecuente guerra civil entre razas de dragones, que duró un total de dos años y cuyos peores enfrentamientos se dieron precisamente en la zona de Nepal.

Paz con Oriente: Año 9 D.D.

Para la desgracia de la raza dracónica oriental, el territorio que pretendían proteger de las garras del ejército Imperial era demasiado grande, y ellos eran demasiado pocos como para poder mantener la defensa. En el último año de esta guerra civil, las fuerzas de la Reina Madre sitiaron los territorios orientales y presionaron a sus hermanos para que regresaran al redil, o murieran si se negaban. Empero, ningún miembro de la raza dracónica oriental cedió a los chantajes e intentos de manipulación de la Reina, sabiéndola mentirosa y traicionera.

En estas circunstancias, llevando todas las de perder; Yujin accedió a tener un encuentro personal con la Reina Madre para negociar las condiciones de una rendición justa. No obstante, en aquella negociación, ocurrió algo que Yujin no se esperaba: la mismísima Reina Madre accedió a cederles los territorios de Oriente con una única condición. Ésta consistía en entregarle a ella el verdadero motivo por el cual le interesaban esas tierras: los Huevos Ígneos ocultos en secretos templos ubicados respectivamente junto a los cuatro grandes ríos de China: Heilongjian, Huang He, YangTsé y Xi Jiang.

A Yujin no le entusiasmó en absoluto el tener que cederle semejantes tesoros a alguien como la Reina Madre. No obstante, y siguiendo su tradición, sometió a la votación de todos sus congéneres el decidir qué hacer: si proteger el secreto de los Huevos Ígneos y morir con él; o sobrevivir entregándole una enorme fuente de poder a una tirana. El resultado de aquella decisión, como quien diría, es historia conocida.

La Reina Madre obtuvo tres Huevos Ígneos, ya que uno de ellos se encuentra en paradero desconocido. A cambio, mantuvo su palabra y retiró a sus tropas de Oriente, formando así una invisible frontera que ocupaba la Cordillera del Cáucaso y los Montes Zagros; la cual ninguna de las dos facciones cruzaría jamás.
Los dos Reinos se ignorarían el uno al otro, y tanto dragones como humanos crecerían sin tener conocimiento sobre ellos, y sin traspasar sus fronteras. Y dicho pacto se mantuvo durante casi trescientos años.

El Velo de la Red Dracónica: Año 10 D.D.

Aunque sabía que Yujin era un dragón honorable, la Reina Madre no quiso correr ningún riesgo. No iba a permitir que ocurriera otro motín como aquel en su futuro Imperio. Y por ello, utilizó uno de los tres Huevos Ígneos que había conseguido para crear una laguna en la memoria de los dragones conectados a su red mental; conocida posteriormente como El Velo.

Gracias a esto, durante todo el tiempo posterior a la Guerra, todos los dragones occidentales no recordaron absolutamente nada relacionado con Asia, ni con sus hermanos orientales, ni con el amotinamiento de Yujin. Para todos ellos, lo que ocurrió fue que la raza oriental fue masacrada por los humanos antes del Letargo; y por ende, para ellos los dragones del aire nunca llegaron al Letargo, ni participado en la Guerra del Despertar, ni nada por el estilo. Sencillamente nunca existieron. En cuanto a los territorios de Asia, todos los dragones recordaban que por culpa de varios impactos de armas de destrucción masiva (nucleares) creadas por los humanos, toda esa tierra había quedado árida, estéril y tóxica; motivo más que suficiente como para no arriesgarse a pasar por ella ni realizar incursiones.

No obstante, con muerte de la Reina Madre en 353 D.D. y la consecuente caída de la Red Dracónica; cayó a su vez el Velo. Al verse los dragones occidentales libres de la prisión mental de la Reina para siempre, recuperaron sus recuerdos, así como todas las nociones de lo ocurrido con Asia y sus hermanos aéreos. Muchos se dieron cuenta de la gran mentira que su Madre y Diosa había mantenido durante tanto tiempo; mientras que otros prefirieron seguir creyendo que la voluntad de la Dios Madre es insondable, y que si hizo aquello fue por el bien de todos sus hijos.



Se instauró la renombrada Red Imperial, sostenida por todos los dragones occidentales de una forma similar a la que mantienen los Orientales en Koshin; pero manteniendo más o menos las mismas normas que la Reina mantenía en su red, para mantener vivo su "espíritu" en el corazón de los leales. Los que se desconectaron lograron introducirse en la red mental del Anciano, ahora llamada Red Libre; sostenida igualmente por todos sus integrantes pero permitiendo el libre acceso de cualquier dragón o híbrido a la misma. La Red de Koshin está vetada a los dragones e híbridos occidentales, por el momento.

jueves, 19 de abril de 2018

Historia: La Caída de la Reina Madre

El Año Oscuro: Año 352 d.D.

Una nueva guerra se desató, más soterrada, más visceral que nunca. La paranoia de la Reina Madre se topó de bruces contra un viejo enemigo: un viejo dragón que se hacía llamar el Anciano. Los dos se convirtieron en dioses jugando con peones, a los que manipulaban a placer en pos de objetivos contrarios; y cómo no, de destruirse el uno al otro. El mayor choque entre ambos se dio cuando el Anciano otorgó a los dragones el poder de "desengancharse" y sortear la estricta vigilancia de la Red Imperial; creando una red mental alternativa para los dragones exiliados y para los que quisieran oponerse a la Reina Madre. En respuesta, la Reina Madre reaccionó usando el poder del último Huevo Ígneo para dar a sus hijos el poder de cambiar su cuerpo a voluntad, variando su tamaño o transformándose en una bestia dracónica antropomorfa; entre otras cosas.

El culmen de aquella tensión llegó durante la celebración del Día de la Reina Madre; conmemorativo de la victoria de la Guerra del Despertar. La Resistencia orquestó simultáneamente un intento de atentado y un motín que creó un frente virulento y violento por todo Talos. El Ejército Imperial tuvo que afanarse para reprimir los disturbios y los saqueos en la capital; y la Inquisición tuvo que batallar con unos terroristas armados con bombas de belladona.
Lo que nadie se esperó, fue que la mismísima Diosa del fuego tomara parte en aquel enfrentamiento, airada por ver profanado su altar volcánico, en el que se dio el atentado. Su actuación generó una densa nube piroclástica y una erupción volcánica que despidieron toneladas de partículas de polvo y gases. Éstos provocaron una larga época de lluvia ácida que echó a perder los cultivos y contaminó parte de los acuíferos; lo que llevó a una dura época de hambruna para todo Talos. Por supuesto, la Inquisición se encargó de culpar públicamente de ello a la Resistencia, la cual sufrió una muy mala racha de impopularidad.

Este cambio meteorológico tan drástico interrumpió temporalmente el ciclo estacional; provocando una ola de frío tan brutal que las regiones de Talos, Puerto Krosan y Eneas conocieron un invierno nevado por primera vez en siglos. Hubo una ingente tasa de mortandad, y muchos habitantes de Talos (humanos y dragones) se vieron obligados a emigrar a Edén o a Isaur para no morir de hambre o de enfermedad. Los humanos que se quedaron recibieron la ayuda de los miembros de la Resistencia, que lograron conseguir comida por medios alternativos, lo que en parte les ayudó a limpiar su imagen.

Talos no vio la luz del sol durante meses, motivo por el cual a éste se le conoce como el Año Oscuro

La desesperación de los habitantes del Imperio fue tal que los Elementales decidieron apiadarse y darles una oportunidad. Arrojaron luces sobre los altares, dejando pistas en los mismos para que sus fieles entre todas las razas lograran restaurar el equilibrio. De esa forma, el cielo volvió a despejarse y el invierno llegó a su fin, restaurándose así la normalidad en el clima y en las vidas de los habitantes del Imperio. Aunque ya nada iba a volver a ser igual.

La Última Rebelión: Año 354 d.D.

El Año Oscuro había traído muchos problemas internos dentro de cada facción. La Resistencia cambió de líder dos veces en 353 D.D. (Trystan, Maeve); y el ejército perdió al General que había sido miembro del Consejo (Kael) en pos de uno mucho más joven y ambicioso (Ariakas Veerminard). Además, la Inquisición fue ganando poder y jurisdicción dentro de los menesteres del Reino, creando conflictos con los miembros del Ejército Imperial. Los Inquisidores parecían decididos a mejorar su imagen de torturadores tiránicos de cara a la galería, por lo que promovieron un gran banquete para todos los habitantes de Talos. No obstante, éste fue boicoteado con opio por los terroristas de la Resistencia.


Por si ésto no fuera suficiente, la paranoia metal de la Reina comenzó a ser tan evidente como peligrosa. Dio la orden desesperada de profanar los cuatro altares elementales utilizando sacrificios, lo que provocó un nuevo enfrentamiento entre los que defendían el culto elemental y los que pretendían destruirlo. Por desgracia, dos de los altares fueron destruidos por las fuerzas del Imperio, generando nuevas catástrofes naturales (inundaciones, cambio en las mareas, lluvias torrenciales, terremotos localizados...); y debilitando los poderes elementales del agua y la tierra por tiempo indefinido.

De nuevo, entre la disensión, surgió un nuevo movimiento conocido como La Última Rebelión, impulsado por un dragón que había logrado escapar de la esclavitud (Thareon Ironscale). Un movimiento avivado por la sabiduría y la guía del mismísimo Anciano, quien puso en manos de su líder a Caliburn, la espada de jade mítica forjada con un huevo ígneo.
La Última Rebelión tenía por objetivo dar un auténtico golpe de estado en Talos, aunando las fuerzas terroristas de la Resistencia con la de los dragones disidentes dentro del Ejército Imperial; y llamando a mercenarios y exiliados sedientos de venganza contra el sistema. Una combinación explosiva que dio como resultado una batalla como no se había visto desde la época del Despertar; y que logró destruir casi la totalidad del castillo de Talos en el proceso. La mismísima Reina combatió, revelando su forma dracónica para enfrentarse con su anciano rival; mientras civiles, mercenarios, soldados y terroristas luchaban a muerte o trataban de escapar a la masacre.

Finalmente, la Reina Madre cayó muerta bajo el jade de Caliburn al intentar escapar malherida, traicionada por su Inquisidor más leal (Letyko). El Anciano falleció también, incapaz de reponerse a las letales heridas del combate. Los dos dragones más viejos habían caído, y con ellos, cayó también el telón sobre el Imperio del Fuego tal y como lo conocimos. La caída de la Reina Madre impulsó otras células de la Resistencia en las otras capitales. La mayoría fueron acalladas con dureza, pero sus supervivientes lograron huir y afianzar una base sólida en las Islas Eneas, quienes por fin abrieron sus fronteras a los dragones que demostraron ser capaces de despertar y enfrentarse a las mentiras de la Reina Madre. Actualmente Isaur se enfrenta a una inminente guerra civil entre los simpatizantes rebeldes apoyados por los eneanos, y los que aún se mantienen fieles al Imperio.

La muerte de la Reina no sólo dejó el gobierno del Imperio hecho pedazos. También restauró el equilibrio elemental, recuperando el poder de la tierra y el agua, terminando así con los desequilibrios naturales. Además, también terminó definitivamente la infertilidad dracónica; pues la diosa de la Tierra ofreció a las dragones que se encomendaran a ella la posibilidad de que sus huevos volvieran a ser fértiles. Un nuevo rayo de luz pareció alumbrar el futuro de la mayoría de nosotros.

Pero una vez más... Las cosas no fueron tan sencillas.

Historia: La Decadencia del Imperio

El Imperio del Fuego vivió unos cuantos siglos de apogeo, en los que poco a poco la humanidad fue aceptando humildemente las cadenas, llegando al punto de no necesitarlas. La ignorancia y la natalidad controlada permitió que las leyes Imperiales se volvieran en algunos sentidos un poco más "laxa" respecto a los humanos. Algunos dragones burgueses enseñaban, instruían o delegaban responsabilidades mayores en sus esclavos humanos, llegando incluso a liberarlos y a remunerarles por sus servicios, sustituyendo poco a poco la esclavitud forzada por una clase obrera obediente y hasta agradecida; que a día de hoy se conoce como vulgo. Un populacho contento y servicial, mucho más dispuesto a servir a los dragones a cambio de dinero que gastar para poder comer y vivir; que por temor a los castigos o a la propia muerte.

Con esto a los humanos se les permitió viajar con escoltas, cazar en los terrenos del Imperio, tener sus propios rebaños y cultivos, especializarse en trabajos concretos, enseñar a sus aprendices; incluso a regentar negocios sencillos abalados por la burguesía dracónica. Todo ello a cambio del pago de impuestos o tributos en los templos. Así los dragones también pudieron delegar su autoridad y dedicar su tiempo a otros menesteres menos esforzados. Si bien la esclavitud sigue aún perdurando, para humanos y dragones; y son tan sólo unos pocos privilegiados los que pueden decir que poseen cierto control sobre sus vidas en ese respecto.

Los dragones también empezaron a adoptar actitudes más cómodas en cuanto a su estilo de vida. Incluso la Reina formó el Primer Consejo Imperial, formado por seis dragones consejeros, especializados en cada cuestión de estado; para tomar decisiones en su nombre. Poco a poco, la Diosa Madre empezó a volverse cada vez más ermitaña, y sus apariciones en público comenzaron a menguar paulatinamente. Si bien, su conciencia nunca abandonó la red; como tampoco lo hicieron sus ideales, ya prácticamente asentados en la nueva sociedad del Imperio.

Una sociedad que, sin embargo, había tocado techo. Pues esta estabilidad no logró durar demasiado.


Los Últimos Dragones: Año 251-310.

Durante la penúltima luna del datado año 250 d.D.; nació el último dragón del Imperio. A partir de entonces, por algún motivo que nadie se explica, los huevos de las dragonas dejaron de eclosionar, engendrando embriones muertos, o pequeños dragones que morían apenas minutos después de haber exhalado su primer aliento. Al principio se pensó que aquello podía deberse a algún tipo de enfermedad que estuviera afectando a las madres dragón, o que provocara que los padres más viejos resultaran ineficientes a la hora de fecundar los huevos. Con este motivo muchos dragones y dragonas fueron puestos en cuarentena, aislados durante años del resto de sus congéneres para evitar el "contagio". Pero no hizo falta demasiado tiempo para comprobar que aquella extraña esterilidad había afectado ya a toda la raza dracónica por igual, independientemente de su género o edad, de una forma sospechosamente repentina.

Muchos han sido los rumores del origen de la infertilidad dracónica, desde maldiciones a magia negra, pasando por algún tipo de venganza divina. Los dragones perdieron la moral y empezaron a sentirse perdidos y solos, comenzando a adoptar con más asiduidad su forma humanoide que su forma original, buscando consuelo en vidas rutinarias, sociales y más sencillas; volviéndose irónicamente cada vez más "humanos" en comportamiento, pensamiento y carácter. Algo que pareció verse precipitado por el hecho de que en su forma humanoide los dragones conectados a la Red Imperial podían mantener sus hilos de pensamiento profundo ocultos de las mentes de sus congéneres.

Ante aquella deprimente situación, la Reina trató de calmar los ánimos de sus vasallos, dracónicos y humanos, diciendo que aquello no era sino una prueba de fe, que debía aunar aún más a los dragones y fortalecerlos contra la adversidad, la cual terminaría pasando de largo. Sin embargo, seguramente la propia Reina debió también asustarse, pues desde aquel anuncio quedó abolida la pena de muerte para los dragones. Los humanos, por supuesto, no se beneficiaron de esa suerte.

La revolución había comenzado, y ha ido ganando fuerza hasta el día de hoy.

La Decadencia del Imperio: Año 311-350 d.D.

La crisis de la fertilidad descubrió un punto débil en los amos y señores de la Tierra. Fue la piedra angular que avivó las pocas chispas disconformes entre el vulgo. Durante estos años, se multiplicó el número de juicios, ejecuciones y exilios de dragones que empezaban a dudar de la veracidad del Imperio y de la doctrina de la Diosa Madre. Como respuesta a aquel primer desmoronamiento, las leyes se volvieron mucho más duras: toques de queda, abusos de poder, redadas en buscas de conocimientos vetados o vestigios tecnológicos, prohibición de las relaciones homosexuales, etc.

Aquel fue el caldo de cultivo en el que surgió un grupo de insurgentes humanos, que unió sus fuerzas para aprovechar el momento de debilidad de los dragones y alzarse contra ellos para acabar con su tiranía. Este colectivo adoptó una ideología extremista contra el Imperio y la raza dracónica en general, y se esforzó por recuperar y recordar el antiguo esplendor humano para reforzar sus convicciones; y para utilizarlo como propaganda para la captación de nuevos integrantes de la autodenominada Resistencia. Ante la rápida respuesta opresora de las fuerzas armadas Imperiales y de la Inquisición, los miembros de esta organización empezaron a adoptar medidas cada vez más agresivas y contundentes, por lo que pronto se ganaron la etiqueta de terroristas y enemigos del estado. Durante décadas fueron una espina clavada en el costado del Consejo Imperial, que boicoteba sus celebraciones, asaltaba sus caravanas, resucitaba o rescataba conocimientos prohibidos, y ganaba día tras día cada vez más popularidad entre el vulgo... Y entre algún que otro dragón.

Una última Esperanza: 351 d.D.

A principios de este año, la existencia de unas criaturas por cuyas venas corría sangre dracónica y humana por igual salió por fin de la clandestinidad. Algo que nadie nunca se hubiera esperado, pues a pesar de que los dragones podían adoptar forma humana y utilizar esclavos sexuales humanos, la mezcla de especies nunca se había dado hasta el momento. Ni siquiera en la Era Antigua se había conocido un caso así. Estas nuevas criaturas fueron llamados híbridos, engendrados por madres humanas que habían sido inexplicablemente fecundadas por un padre dragón. Si estos "milagros" resultaron accidentales o no, careció de importancia de cara a la sociedad dracónica, que los tachó de aberraciones de la naturaleza y un tremendo insulto a la raza de los dragones, suponiendo la pena mayor para el híbrido y su madre, y el exilio o la esclavitud para el dragón progenitor. Incluso los ciudadanos humanos del Imperio los vieron como monstruos peligrosos a los que había que delatar si no querían meterse en problemas con las autoridades.

La aparición de los híbridos no fue lo único que hizo que el Imperio del Fuego se tambaleara peligrosamente. A principios del año siguiente, unas extrañas fuerzas comenzaron a agitarse, y extraños y peligrosos fenómenos empezaron a ocurrir a lo largo y ancho de todo el Imperio. Bolas parlantes de fuego, grandes monstruos de agua, huracanes y tormentas inexplicables, raros cambios en las mareas, extrañas criaturas poblando los bosques...
Los Dioses Elementales, por fin, habían despertado. Y lo hicieron con una furia desatada en forme de gigantes gólems que generó grandes bajas entre los dragones, diversas catástrofes y cambios a nivel geográfico (como la creación de la costa marítima de Talos, o la aparición del Gran Árbol en la plaza de la capital). La intención de los cuatro dioses, no obstante, en ningún momento fue crear una guerra, sino dar un mensaje. Habían regresado, y con ello, habían decidido que la raza humana estaba preparada para recibir su más preciado regalo para romper las cadenas de la opresión. Y así, regresó la magia elemental.

Con el motivo de la aparición de los híbridos, el resurgir de los poderes elementales y con miedo de que alguna oscura hechicería o arma tecnológica hubiera sido utilizada en su contra sin que ellos lo supieran; fue creada la Inquisición. Un selecto grupo de dragones expertos en distintas materias, desde química y medicina a historiadores y soldados; dedicados a la búsqueda y captura de humanos (y dragones) sospechosos de herejía, de haber practicado cualquier tipo de magia o de haber intentado manipular, inventar o resucitar tecnología prohibida. Este órgano del gobierno no sólo se ganó una reputación infame de torturadores y elitistas, favorecidos por la mismísima Reina; sino que siguió a la disolución del Primer Consejo debido a la creciente paranoia conspiratoria de la soberana. Pero ni siquiera interrogando, exiliando o esclavizando sospechosos, los dragones lograron encontrar respuestas o apagar las brasas cada vez más candentes de la disconformidad.

Las investigaciones de la Inquisición con los híbridos que no ejecutaban en el momento fueron crueles y retorcidas, y si bien mayormente parecían tener un fin más torturador que académico; lograron sacar en claro un dato interesante: los híbridos más antiguos que habían logrado encontrar habían nacido durante el año 251 d.D. Justo al año siguiente de la infertilidad dracónica. ¿Casualidad? También se percataron del alarmante número de híbridos que habían nacido en los últimos cincuenta años, que superaba con creces el esperado, aunque siguieran suponiendo una minoría. Pero una minoría oculta que se les escapaba, después de todo.

Por supuesto, la Inquisición también quiso asegurarse de convertir todo culto o devoción hacia los Elementales en una forma de herejía. Prohibieron por completo el desarrollo de las habilidades mágicas a aquellos que no aceptaran unirse a las fuerzas del Imperio, con intención de aprovechar aquel poder en su favor. Pero ni siquiera ellos pudieron evitar la aparición de los Cuatro Altares Elementales en Talos, ni la propagación de aquel nuevo culto clandestino.

El pueblo, lejos de sentirse tranquilo o respaldado por la Inquisición; empezó a dejarse tentar por la posibilidad de tener en sus manso un poder inconmensurable; o de que la raza humana fuera en sí misma la única opción de que los dragones no afrontaran la extinción. Cabe añadir que la inmensa mayoría se aferró al sistema, no queriendo perder la cómoda posición obediente que habían aprendido de sus antecesores, ni las pequeñas libertades sociales y económicas que tanto les había costado conseguir. Esto generó actitudes nerviosas y muy extremas dentro de la gente del vulgo.

Mas una verdad quedó patente en todo ello. Los dragones ya no eran la raza dominante del planeta. Y un venerable Anciano, un dragón albino de la misma generación que la Reina Madre, sonreía mientras contemplaba la caída de los primeros guijarros que predecían la próxima caída de una gran avalancha.

Historia: La Guerra del Despertar

La humanidad no estaba preparada para una guerra como la que se avecinaba, y si bien su armamento  más desarrollado era algo a lo que se debía temer y que había que tomar en cuenta; los dragones contaron totalmente con el factor sorpresa. No queda demasiado claro hasta qué punto la Reina Madre buscó, deliberadamente, el punto en el que los humanos estuvieran demasiado enzarzados entre ellos, o simplemente cómodamente sentados en sus hogares, sin siquiera sospechar lo que se les venía encima, convencidos de que dominaban el mundo. Pero, desde luego, eso fue lo que pasó.


El Despertar: Año 0

Sumidos en su letargo, los dragones dejaron que la pomposidad y el egocentrismo humano jugaran en su favor. A pesar de su avanzada tecnología y de haber poblado prácticamente la totalidad del mundo; habían olvidado su mayor poder, y por ende, su mayor debilidad. Empero, no fueron los únicos que se dejaron llevar por las falacias de sus líderes políticos y religiosos a través de los tiempos.

Durante siglos, los sueños de venganza y odio contra la raza humana invadieron la red mental creada por la Reina. Del mismo modo que los humanos habían creado su propia burbuja de ignorancia; los dragones empezaron a creer que eran seres superiores al ser hijos o descendientes de su nueva soberana, su nueva Diosa, en mayor o menor medida. Motivo por el cual se la conoció como "Reina Madre". Desde el dragón más antiguo hasta el último huevo eclosionado durante el Letargo, todos se volvieron totalmente dependientes de la red mental, creando así una especie de "mente colmena", en la que, si bien cada dragón podía tener sus propios pensamientos, éstos eran inmediatamente compartidos por todos los congéneres conectados a la Red Dracónica Imperial. Los verdaderos hijos de la Madre Divina no debían tener secretos, ni con ella, ni entre ellos. Debían ser ciegamente leales a ella. Debían compartir su odio y su sed de venganza. Debían desear la destrucción y la humillación de aquellos que los habían empujado al borde del abismo y les habían arrebatado todo.

Los dragones debían recuperar lo que era suyo. Debían salvar al mundo de la infección del ser humano, destructivo, infantil e ignorante. Debían ser los dragones quienes lo gobernaran, para devolverlo a su estado original, tal y como lo conocieron en la Era Antigua.

La Reina Madre despertó, y con ella despertaron los cientos de dragones que habían logrado salvarse de la Purga, gracias al Letargo. Allí donde y cuando el ser humano pareció alcanzar la cúspide de su propio genio, ocurrió el Despertar. Y es a partir de ese día, en el que empieza nuestro calendario.

La Guerra del Despertar: Año 0-10 d.D.

Hay muchas versiones del Despertar. Si tienes suerte, puedes incluso encontrar algún escrito en el que leer algún que otro testimonio hecho por un humano o humana de entonces. Pero leas lo que leas, sacarás en claro rápidamente que llamar "guerra" a lo que sucedió es pecar de demasiado amable. Para los dragones fue una grata aunque costosa victoria. Para los humanos, fue un genocidio a nivel global.

Sólo durante las primeras veinticuatro horas del Despertar cayeron casi la mitad de los países desarrollados del mundo, viéndose pasto inmediato del fuego y la fuerza colosal de monstruos tanto o más altos que sus edificios, inmunes a sus armas, que con un batir de alas podían derribar sus aviones y desviar sus misiles. Los dragones fueron sanguinarios y brutales, no dejaban alma con vida allá por donde pasaban, consumidos por el odio y el deseo de la Reina de destruir todo rastro de su civilización. Lo reducían todo a cenizas, y después se alimentaban de ellas para poder seguir exhalando más fuego, crear más ceniza...

Demasiado tarde, los humanos empezaron a entender, a pesar de su inicial incredulidad; que los dragones eran tan reales como letales. Dio igual cualquier explicación científica que quisieran darles, su destrucción avanzó tan rápido que casi fue imposible defenderse. También demasiado tarde pudieron comprobar la primera y más importante debilidad de los dragones: el frío. No obstante, no fue una ventaja que pudieran aprovechar durante demasiado tiempo para esconderse. Pues el calor provocado por los cientos de miles de incendios, y la cantidad de bosques arrasados, lograron un calentamiento global que fundió en cuestión de meses casquetes polares, cimas de montañas y glaciares por igual. Por si los dragones fueran poco, los humanos tuvieron que enfrentarse también a un duro cambio climático que aumentó drásticamente las temperaturas y trajo consigo duras sequías, pérdidas masivas de recursos alimenticios, e inundaciones que cambiaron casi por completo el dibujo original de sus mapas del mundo. El transporte de suministros se dio por imposible, dado que los dragones se apoderaron casi al completo del cielo y vigilaban organizadamente cada rincón del planeta, sincronizados por una vil inteligencia hasta rozar la perfección gracias a la red. Su ventaja resultó demasiado evidente.

La humanidad estaba condenada. Diez años fueron suficientes para que los últimos reductos supervivientes sacaran la bandera blanca y aceptaran su rendición. Los miles de millones de humanos que habían antes del Despertar, quedaron reducidos a unas pocas decenas de miles. La venganza se había logrado.

La hegemonía de los hombres había terminado, abrupta y violentamente. Y así, comenzó el reinado de los dragones y su Reina Madre. Así, comenzó nuestra época: El Imperio del Fuego.

El Imperio del Fuego: Año 11-250 d.D.

Los humanos que sobrevivieron a la Guerra del Despertar, o bien lo hicieron porque quedaron prisioneros de los invasores; o bien porque pertenecieron a grupos que se rindieron y dejaron las armas. Si bien las órdenes de la Reina Madre fueron claras durante toda su campaña bélica; una vez la superioridad de los dragones se convirtió en un hecho fehaciente, consideró que su "nuevo mundo" iba a necesitar una mano de obra que reconstruyera todo de nuevo, desde las cenizas. Su rendición fue, obviamente, paulatina. Pero finalmente se consiguió alrededor del año 20 d.D., en el que se proclamó que ya no quedaba ni un sólo reducto humano sin someter... O sin haber sido reducido a cenizas.

Así pues, los humanos supervivientes del Despertar fueron despojados de todo: conocimientos, privilegios, acceso a la tecnología... Se convirtieron en esclavos y, como bien planeó la Reina, reconstruyeron las cinco ciudades principales que hoy figuran en los mapas. Los únicos sitios donde la vida aún era posible, donde los bosques habían logrado seguir creciendo y, aún a día de hoy, la naturaleza se recupera del fuerte golpe de la Guerra. Así nació Talos, la Capital de Imperio; y sus naciones periféricas con capitales homónimas, repartidas por los continentes: Isaur, Eden y Puerto Krosan.



No fue un proceso en absoluto sencillo. Muchos de los esclavos intentaron revelarse o escapar con el paso de los años, y hasta se pueden encontrar registros fiables de algún que otro motín. Pero el resultado siempre ha parecido ser trágico y drástico para los infractores. De hecho, este tipo de actos incitaron a la Reina y a sus consejeros a tomar "medidas cautelares", de forma que llegaron incluso a sacrificar esclavos para mantener su población dentro de los límites controlables. Por descontado, se castigó, incluso se ejecutó, a los dragones que osaban simpatizar o intimar con "los seres inferiores".

Decenios hicieron falta para que la sociedad Imperial se erigiera sobre los escombros de las antiguas civilizaciones. La inmensa mayoría de los conocimientos y avances humanos se perdieron, ya que los dragones impusieron una durísima ley de censura, para impedir que los humanos recobraran su poder tecnológico, hundiendo generación tras generación en una ignorancia analfabeta que paulatinamente se fue tornando en obediencia. La sociedad retornó a un estado arcaico y medieval, muy similar al que hubo en la Era Antigua, es decir, a la que recordaban los dragones.

No obstante, decir que todo había vuelto a lo mismo sería de lo más incorrecto. Pues en esta nueva sociedad, los dragones se apoderaron de todos los privilegios, creando una sociedad fuertemente jerarquizada, en la que los humanos hoy en día no pueden acceder a prácticamente nada por sí mismos, y sólo pueden trabajar en los oficios más básicos y humildes. Tampoco se puede negar que, a pesar de todo, ciertos conocimientos y avances humanos han logrado perdurar a día de hoy: mecánica básica, nociones de astronomía (como que el mundo es redondo) y navegación, de arquitectura, de confección de moda, música... Pequeños vestigios y conceptos generales demasiado integrados en la humanidad como para borrarlos a base de latigazos, y que los dragones no consideraron dignos de purgar.

El mundo también fue cambiando con el paso de los decenios. El calentamiento global generó zonas extremadamente frías para los dragones, y convirtió en áridos páramos calcinados kilómetros y kilómetros de tierra. Algunas partes del mundo se volvieron inhabitables, infectadas por aire y agua envenenados por el poder de las heréticas armas tecnológicas. Incluso volvió a nevar en algunas cadenas montañosas, dejando zonas del mundo aisladas en un silencio que hoy en día se ha tornado en misteriosa ignorancia.

Algunas rutas comerciales tuvieron que cambiar debido a esto, pero aún así, la economía del mundo volvió a crecer, la vida logró perdurar entre las cenizas del viejo mundo desolado por la Guerra. Una vez más la Historia fue borrada, reinventada y reescrita en favor de la nueva raza dominante, convirtiendo a su Reina Madre en la divina, ancestral e indiscutible soberana de todos los pueblos y razas inteligentes sobre el planeta. Los logros dracónicos se engrandecieron, mientras que los humanos fueron olvidados o convertidos en herejías peligrosas y prohibitivas.

Y así, pasaron doscientos cincuenta años...

Historia: Antes del Despertar

La historia que hoy voy a contarte no la encontrarás en ningún libro, grabado o pergamino; pues fue borrada de la misma existencia, enterrada en el olvido, por aquellos que hoy nos gobiernan. Todo lo que nos queda de ella son susurros. Todo lo que tenemos es una memoria furtiva y oscura. La memoria de mis padres, y de sus padres, y de los padres de éstos...

La pequeña chispa de la esperanza que hoy logra sobrevivir, siempre y cuando la recordemos.

Por ello, hoy te hablaré del Imperio del Fuego.


Antes del Despertar: La Era Antigua

La época a.D. no existe para la mayoría de los pobladores de este mundo. Es un concepto difuso, descrito de muchas maneras distintas, en muchos idiomas y libros distintos. Suele ocurrir cuando las mentiras se pisan unas a otras. Pero todas las mentiras tienen algo en común: hubo una época, muy, muy antigua, en la que el ser humano coexistía con quienes ahora nos dominan: los dragones.

Aquella Era Antigua ya estaba olvidada desde mucho antes del Despertar. Pero lo poco que se conserva de entonces nos hace pensar que la relación entre sendas razas no siempre fue pacífica, aunque sí logró ciertas alianzas y pactos con las antiguas civilizaciones. Para algunas, los dragones eran poderosos dioses y protectores a los que agasajaban con ofrendas para mantener alejados a los enemigos. Para otras, resultaron poderosos aliados contra otro tipo de criaturas peligrosas de las que sólo tenemos constancia gracias a sus huesos, enterrados y petrificados en las profundidades de la tierra. Y para cierta minoría, los dragones no eran sino bestias que robaban y se apoderaban de cuantiosos tesoros, ergo suponían un peligro que había que erradicar.

Incluso con las inevitables desavenencias, se podría decir que los dragones y los humanos aprendieron juntos y evolucionaron juntos. Ambas razas resultaron ser las más inteligentes y poderosas, cada una en su estilo. Los dragones, magnas criaturas inmortales de fuego que aprendieron a camuflarse entre los humanos adoptando una forma similar y más comedida. Los humanos, inteligentes seres, que a pesar de su mortalidad, contaban con una increíble creatividad y adaptabilidad que, además, fue bendecida por los Dioses Elementales. En una época de su historia, éstos les otorgaron el poder la magia elemental, para aprender a doblegar los elementos, a cambio de su fe y devoción incondicional.

Fueron buenos tiempos, supongo. Pero como se suele decir, todo lo bueno se acaba.

Antes del Despertar: La Era Mágica

La fe humana en los Dioses Elementales se esparció rápidamente, como las chispas entre la pólvora. Creo que hubo incluso dragones que también los adoraban. Pero te aseguro que fueron los que menos, pues con el paso de los años fueron los dragones los que contemplaron cómo el hombre utilizó aquel regalo divino como un arma de guerra, destruyendo naciones, campos y bosques; alterando las mareas y revolviendo las tormentas. Para muchos, fue como si los Elementales les hubieran dado aquellos poderes a un grupo de niños que no tenían ni idea de cómo utilizarlos.

Las discrepancias entre dragones y humanos empezaron a crecer, y muchas de las viejas alianzas se rompieron a medida que los mortales empezaron a obsesionarse con el poder. Llegó un punto en el que el odio hacia los dragones, que antes sólo afectaba a una pequeña minoría; empezó a contagiarse entre las distintas naciones humanas. Los dragones que no aprobaron el uso caprichoso y descontrolado de la magia, o que no demostraron su fe hacia los Elementales, se convirtieron enemigos raciales en cuestión de unas pocas décadas.

Fueron tiempos oscuros para la raza dracónica, pues las cacerías de dragones empezaron a cobrar importancia y a significar reputación en las distintas jerarquías sociales del hombre. Esta época es tristemente recordada hoy en día (con una asombrosa veracidad) como La Purga. Por doquier se asaltaban nidos, se derrumbaban cuevas y se asesinaban dragones, algunos de ellos tan antiguos como las entrañas de las montañas; todo para despellejarlos y mutilar sus cuerpos, o para robarles sus ancestrales tesoros. El poder de los Elementales se había vuelto tan fuerte en ellos que los dragones no tuvieron manera de defenderse contra la magia, por lo que su raza estuvo prácticamente a punto de enfrentar la extinción. Tanto fue así, que incluso los dragones que inicialmente apoyaban la fe en los Elementales también fueron asesinados y cazados.

En aquella desoladora imagen, surgió la que entonces sería la gran salvadora de su especie, y la que más tarde sería nuestra perdición. Pocos conocen su nombre, y puedo asegurarte que nadie entre los humanos es capaz de pronunciarlo. Para nosotros, ella es la Reina Madre. Una de las últimas dragonas antiguas que sobrevivieron a La Purga, anterior incluso a la Época Antigua. Con un poder que hasta el momento ningún otro dragón había demostrado, ella extendió una red mental con la que contactó (o más bien capturó) a todos sus congéneres, a lo largo y ancho del mundo. Les instó a cavar hondo y ocultarse bajo tierra, profundo, profundo, donde los humanos nunca pudieran encontrarlos.

Los que respondieron a esta llamada se escondieron en primigenias cavernas y ríos de lava subterráneos. La Reina Madre también descendió profundamente, con ellos, y sumió sus mentes en un sueño profundo y largo, que duró varios miles de años. A este suceso se le conoce como El Letargo.

Antes del Despertar: La Era Tecnológica y el Letargo

Con los dragones escondidos en su letargo, ya no quedaron más trofeos que ganar. Así que la humanidad continuó con sus guerras y enfrentamientos, destrozando todo lo que se encontraba a su paso. Por fin, aunque demasiado tarde para los dragones, los Dioses Elementales reaccionaron. Un eclipse oscureció el mundo durante un día y una noche, dejando el cielo iluminado tan sólo por un rojizo anillo (la Noche Roja) que apagó la magia que corría por la sangre humana. Cuando volvió a lucir el sol, los poderes de los elementales, sencillamente, habían desaparecido. Sus voces se apagaron en los templos. El mundo se volvió gris y las criaturas que vivían de la magia elemental, murieron en masa. Los Dioses abandonaron a los hombres a su suerte, y al igual que los dragones, se esfumaron, despechados y traicionados.

No obstante, la ausencia de magia, si bien trajo una época ignorante y turbia para el ser humano; pronto se vio reemplazada por una nueva forma de poder: la tecnología. La necesidad de supervivencia hizo al hombre cambiar sus costumbres, modernizar sus ciudades, construir nuevas estructuras, y entender el mundo desde otras leyes muy distintas a la magia: la física, la química, la biología... Incluso, desde nuevas formas religiosas que inventaron nuevos y falsos dioses, y que se encargaron bien de convertir la historia de la Era Antigua, los dragones y los Elementales en meros mitos y leyendas, que se engrandecieron y tergiversaron de mil maneras, y que más tarde serían un caldo de cultivo para novelas, videojuegos, películas y juegos de rol. Términos que hoy en día todos desconocemos, pero que indudablemente en su época debieron de tener alguna importancia.

Como ya he dicho, la propia humanidad se encargó de olvidar la mayor parte de su propia historia. Se inventó hechos que nunca ocurrieron, malinterpretó el origen de los huesos fosilizados que encontró. Convirtió en ficción, incluso en mofa, el concepto de la magia. Se encerró completamente en un cascarón creciente de cristal, hierro y hormigón. Cambió la espadas y las armaduras por armas de fuego y uniformes. Y una vez más, la tecnología se transformó en su nueva arma de guerra, en su nueva forma de destrucción, para sí mismos y para el mundo entero. Una vez más, el ser humano amenazaba con destruir todo lo que tocaba, y esta vez sin ayuda de nadie más.

Los Elementales siguieron ciegos y sordos, durante décadas, siglos, milenios... Pero los dragones, no.